ARTE PRECOLOMBINO
ANDINO
La inauguración de esta sala permanente de arte precolombino completó la reorganización del primer piso del MNBA destinado al arte argentino y de nuestro continente. La exposición resalta los aspectos estéticos de las piezas y pone en valor el arte indígena antiguo, ofreciéndolo al estudio y discusión de los públicos actuales, en el contexto de un museo de arte. De este modo, junto a una museografía que destaca el valor artístico de este patrimonio, la exposición provee al visitante de elementos conceptuales que la arqueología ha investigado para brindar acceso a las ideas que dieron origen a este arte y recuperar así, una parte de su contexto original.
Estas piezas fueron creadas por los pobladores originarios de los Andes en tiempos en que arte, religión y vida cotidiana no eran esferas separadas. La escisión de estos ámbitos y la consecuente autonomía del arte son conceptos históricos de occidente que se remontan al Renacimiento europeo. El arte precolombino es producto de la creación colectiva en distintas sociedades que así expresaron su cosmovisión y las relaciones sociales que las vincularon.
Se exhiben más de 60 piezas entre cerámicas, metales y textiles. Corresponden a la ex colección Guido Di Tella y son en parte su donación y la adquisición que la Secretaría de Cultura realizara en 1988. Los textiles de las culturas Paracas, Nazca y Chancay pertenecieron a la colección de Líber Fridman y la Asociación de Amigos los adquirió en 1990. Se completa con las donaciones recientes de la especialista en arte textil, Dra. Ruth Corcuera.
La exposición se divide en cuatro núcleos temáticos. El primero, El espíritu de la piedra reúne piezas de distintas culturas, en su mayoría del período Temprano (1500 a. C. al 300 d. C) que trabajaron la piedra. Antes del inicio de la era cristiana, en el Noroeste del actual territorio argentino, se desarrolló esta tradición artística que expresa el culto andino dedicado a conmemorar en la piedra la memoria de los ancestros.
Se destacan las figuras que los arqueólogos denominan suplicantes, de la cultura Alamito. Se trata de esculturas de bulto ˆnotables por su despliegue de refinamiento artístico y la singular concepción plásticaˆ que juegan con el audaz recurso de espacios vacíos envolventes.
El segundo núcleo, El mundo simbólico, exhibe piezas cerámicas de distintas culturas (Alamito, Condorhuasi, Ciénaga, Aguada) donde se desarrolla la iconografía de la cosmovisión andina. El Noroeste Argentino (NOA) compartió, desde épocas muy antiguas diversos aspectos culturales de lo andino. En especial el mundo de las creencias: una religión basada en los fenómenos celestes (en la cual el sol tiene un lugar de importancia), el culto a los antepasados y la sacralización de las fuerzas de la naturaleza. 
Imagen y Poder, el tercer núcleo, reúne piezas del período de Desarrollos regionales (1000- 1450 d. C), cultura Santamariana y el Incaico (1450- 1535 d. C), cultura Yocavil. En el antiguo NOA la metalurgia tuvo una notable historia. Como en el resto del área andina, las piezas metálicas eran herramientas de trabajo y, sobre todo, bienes de alto valor simbólico ligados a las manifestaciones del poder. En el siglo XI d. C. los avances técnicos permitieron fundir bronce con aleación de estaño. Son típicos de este momento los discos de la cultura Santamariana, fundidos en bronce usando moldes de cerámica. Su lenguaje artístico es austero por la síntesis lineal en la representación de serpientes bicéfalas, figuras humanas, cabezas trofeo y motivos geométricos.
Por último, los Textiles andinos, de las culturas Paracas, Nazca (0-600 d. C) y Chancay (900-1476 d. C) del actual Perú, muestran el universo compartido por el área andina. En los Andes el arte textil se remonta a épocas muy antiguas, anteriores al pleno desarrollo de la agricultura. Para estas sociedades el tejido no sólo era el elemento básico con el que la gente confeccionaba su vestimenta, sino que, junto con los metales, eran los bienes de más alto valor. Los tejedores precolombinos supieron conjugar lo utilitario con lo simbólico y plasmaron en las telas las representaciones artísticas de su mundo espiritual. Asimismo, los tejidos constituían un complejo sistema de comunicación que aludía tanto a la cosmovisión como a la organización económica y política. Son un elocuente testimonio del ceremonial, las jerarquías sociales y las complejas formas de cálculo numérico imprescindibles para su confección.
Los mantos y tocados que se exhiben fueron depositados como ofrendas en las tumbas de personajes que, en vida, tenían una importante posición social; la mayoría de las piezas proceden del litoral desértico del océano Pacífico, cuyo clima de extrema sequedad permitió la conservación de materiales muy delicados.
Galesio ; Diseño museográfico y montaje: Valeria Keller y Mariana Rodríguez. Conservación: Natalia Novaro y Jimena Velasco. Conservación de textiles: Patricia Lisa y Pía Tamborini. Asesor de Conservación en exposición: Fernando Veneroso. Equipo de montaje: Víctor Medina, Daniel Galán, Leonardo Teruggi, Carlos Abasolo, Fabián Belmonte y Alberto Álvarez.
Asesoramiento académico: José Antonio Pérez Gollán , María Alba Bovisio, Ruth Corcuera.
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